Radithor, la falsa medicina que empeoraba al paciente

jueves, 19 de abril de 2018

Radithor, la falsa medicina que empeoraba al paciente


El radio fue descubierto en 1898 por Marie y Pierre Curie, comenzando una era en la cuál el estudio de la radiactividad se convirtió en uno de las ramas más popùlares dentro de la investigación científica. Era un fenómeno muy atractivo, pues la idea de que un elemento químico pudiera emitir brillo o radiación de manera espontánea cautivaba incluso al público general.

Recipiente original de Radithor


En medio de este auge primigenio, la radiactividad comenzó a ser estudiada también por investigadores del ámbito médico, algo que acabó por ser el comienzo de lo que en la actualidad es uno de los principales tratamiendos contra el cáncer, la radioterapia, basada en la capacidad de destruir tejidos indeseados de las radiaciones beta y gamma emitidas en la desintegración.

El matrimonio Curie, los descubridores del radio

No obstante, no toda la iniciativa médica alrededor del descubrimiento de los Curie fue positiva. Paralelamente a las investigaciones serias surgieron, como no podría ser de otro modo, fraudes que hablaban de las maravillas de aplicar el radio a la vida cotidiana. Nacieron así las terapias leves de radio, que se aprovechaba de la fama que comenzaba a adquirir el tratamiento del cáncer con este elemento y vendía que utilizarlo también resultaba beneficioso para tratar problemas endocrinos y eliminar toxinas.

En este contexto, los tratamientos por via oral basados en la ingesta de muy pequeñas cantidades de radio diluido comenzaron su auge y en los años 20 se convirtieron en un remedio bastante utilizado para el tratamiento de diversas enfermedades, desde la sífilis hasta la anemia. Medicamentos como Radithor (consistente en una mezcla de isótopos de radio de alrededor de 1 microcurio de radiactividad diluidos en agua) tuvieron un auge importante en su consumo que duró más de una década.

Una trabajadora pinta los números de un reloj con pintura radioluminiscente. Este trabajo conllevó múltiples envenenamientos por radio a lo largo de los años hasta que se descubrieron los efectos negativos de la radiactividad sobre el organismo

No obstante, la idea de la radiactividad como algo que sólo aportaba beneficios para la salud comenzó a generar escepticismo cuando se comenzaron a ver signos de que se relacionaba con la aparición de enfermedades graves en trabajadores que la utilizaban habitualmente (como por ejemplo fabricantes de esferas fluorescentes para relojes). Las sombras sobre las pseudoterapias con radio iban apareciendo y el golpe de gracia llegó en 1932, cuando un influyente multimillonaria estadounidense llamado Eben Byers falleció de una enfermedad que en un principio resultaba misteriosa pero que finalmente acabó por desvelarse como envenenamiento por radio debido al uso de Radithor. A partir de ese momento se comenzó una intensa investigación de los perjuicios a la salud del uso incontrolado de la radiación y se encontró que su peligrosidad era muy elevada. Ha de tenerse en cuenta que el método empleado para tratamientos de radioterapia lleva filtros incorporados para minimizar el depósito de residuos peligrosos en el organismo, pero la ingestión oral carece de ellos.

William J. A. Bailey (izqa.), un farsante que se hacía pasar por doctor, fue el inventor del Radithor. Eben Byers (dcha.) falleció debido al uso de este falso medicamento


Al menos, debido al alto coste del radio por su escasez, medicamentos como Radithor eran sólo accesibles a los ciudadanos más ricos, lo que conllevó que la crisis de salud pública fuese menos grave de la que pudo haber creado un uso más popular.

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